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Mostrando entradas de abril, 2010

Más que mil palabras

ganas de hacer contigo lo que los bolígrafos con las mangas:
frotarnos el uno contra el otro hasta que nuestra electricidad estética
nos ponga de punta
incluso los pelos...

Mata Hari en el espejo

Mata Hari en el espejo sostiene el arma con las dos manos.
Estamos en mitad de una guerra, y en sus labios rojos sostiene una sonrisa
como se sostiene el sedal de la caña de pescar,
como aguanta el bando vencedor la línea enemiga, sin un milímetro de hemorragia.
Los dos sabemos que el amor es sólo una escaramuza,
y que tarde o temprano un pelotón de fusilamiento nos prestará doce pares de ojos,
que ella será recordada para la posteridad por haber disparado antes
a los soldados que se atrevieron a apuntarla
y que no hará falta compensar con el flash la oscuridad del plomo cerrándonos la mirada.

Pero mientras tanto hemos hecho nuestro el edificio de la embajada. Las embajadas,
como los consulados y también las oficinas de correos, son edificios no-polares,
porque ignoran el exceso de las orgias y la familiaridad de los dedos descalzos.
Por eso es tan divertido ir de un lado a otro
revolviéndolo todo con el sexo sobre las mesas y los pies poéticamente helados:
Mata Hari y yo nos hemos excedido comiend…

Miss nine-teen

La noche más corta del año y ella llegaba con todos los regalos de los minusválidos. Regalos, como se lee en el inglés, gifts, con esa pronunciación tan imposible de la unión entre la efe, la te y la ese atravesando los dientes mientras se iba desnudando(me) de cara,
las putas lo hacen de espaldas y también las niñas,
pero las mujeres lo hacen de frente y también las mejores putas, a las que pagas por ello,
y luego cerraba los ojos y luego cerrábamos los ojos los dos y la habitación se quedaba a ciegas mientras se colaban por el hueco de la puerta doscientas vírgenes y me acariciaban lascivamente las doscientas zonas erógenas
de mi cuerpo, ciento noventa y cinco de las cuales no había descubierto hasta ahora; ya he dicho que traía los regalos de los minusválidos, como el tacto perfecto que había heredado de los superhéroes ciegos.
Como la obsesión por el silencio de los mudos. Los mudos, que convierten las habitaciones en un bosque remoto lleno de árboles que se están cayendo. Así,
cayendo,